lunes, 7 de enero de 2008

Hª DEL ARTE. EL RENACIMIENTO: INTRODUCCIÓN

El Renacimiento es un fenómeno cultural y artístico que surge en Italia en el siglo XV y se extiende por otros países de Europa (España, Francia, Alemania, Inglaterra) en el siglo XVI, aunque habría que hacer una consideración especial de los Países Bajos.

Se caracteriza, entre otras cosas, por el interés en recuperar la cultura clásica greco-romana (filosofía, ciencia, literatura, arte), la importancia que se da a la razón, el conocimiento y la ciencia como instrumentos de progreso (se abandona la mentalidad medieval para entrar en la Edad Moderna), el antropocentrismo (interesa todo lo relacionado con el hombre), que caracteriza a la corriente intelectual conocida como Humanismo (con figuras como Maquiavelo, Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam), etc. En cierto modo, el interés por el estudio del hombre desplaza al teocentrismo cristiano que aplastaba con su hegemonía todos los aspectos de la vida y la cultura. Los hombres del Renacimiento son cristianos, pero a su manera, y en algunos casos llegan a cuestionarse los dogmas hasta entonces intocables de la Iglesia Católica, abriendo nuevas vías en el cristianismo (un caso extremo es la Reforma protestante). El gusto por la estética clásica da paso a un neopaganismo que se complace con la visión de desnudos bellos y sensuales en estatuas y pinturas inspiradas en la mitología greco-romana.

El Renacimiento será la época del hombre completo, preparado en varias disciplinas del saber y el arte: científico, estudioso de las matemáticas, la naturaleza; culto, conocedor de la filosofía y la literatura, etc. En esta época aparecen genios como Leonardo da Vinci, capaz de inventar, escribir tratados de ciencias y obras literarias, diseñar edificios, esculpir y pintar obras de arte; y podemos citar una larga lista de genios como Brunelleschi, Miguel Ángel, Rafael Sanzio, etc. Los dirigentes políticos italianos contratarán a estos intelectuales y artistas para llevar adelante sus planes, también el papado de Roma (Miguel Ángel), incluso monarcas de otras naciones: Francisco I de Francia contrató a Leonardo da Vinci para diseñar ambiciosos proyectos en la Corte; en España, los Reyes Católicos y el emperador Carlos V llevaron a la Corte a numerosos artistas italianos y flamencos.

La sociedad renacentista permite el desarrollo del espíritu individualista, donde la persona puede ascender socialmente gracias a su talento y lograr fama y riqueza, incluso perdurar en el tiempo al producir obras que serán admiradas por generaciones futuras. En la sociedad medieval el papel de cada uno estaba definido según su nacimiento y pertenencia a un estamento; los artistas medievales, por muy buenos que fueran, pertenecían al grupo de artesanos, trabajadores anónimos al servicio de reyes, nobles y eclesiásticos de alta jerarquía. Los artistas del renacimiento surgen de familias burguesas, pero también de familias artesanas y trabajadoras humildes; los mejores se harán ricos gracias a su trabajo. El género del retrato tuvo una enorme importancia en el Renacimiento: dirigentes políticos, comerciantes y otros burgueses con capacidad económica encargarán a los artistas que los retraten; este gesto de vanidad será muy frecuente en los propios artistas (muchos de ellos se autorretratarán, incluso varias veces).

El origen del Renacimiento está en la Baja Edad Media italiana, en las ciudades comerciales de la Toscana (Florencia, Siena), la Lombardía (Milán) y el Véneto (Venecia, Verona). Roma, capital del mundo católico y sede papal, está al final del período medieval en cierta crisis, para florecer con grandeza en el siglo XVI. Tras superar la crisis de la Peste Negra, estas ciudades florecen y se erigen como Estados independientes; se caracterizan por no estar gobernadas por una monarquía (no hay ni reyes ni nobleza de corte feudal), sino por una alta burguesía enriquecida por la actividad comercial y bancaria o una aristocracia urbana dinámica y moderna, liderando una sociedad formada por ciudadanos de elevado nivel económico y cultural, acostumbrados al intercambio con otras culturas, con una mente abierta a la cambios y los avances. Venecia mantenía intensos contactos comerciales con el Imperio Bizantino y el mundo árabe, dominando las rutas del Mediterráneo oriental; Florencia se convertirá en la ciudad más importante del Mediterráneo central en los siglos XIV y XV, bajo el mando de poderosas familias, como los Medicis, que impulsan la cultura y el arte, financiando la llegada de intelectuales y artistas de toda Italia y ordenando la remodelación de la ciudad para embellecerla, con la construcción de edificios religiosos y civiles, estatuas, realización de pinturas, etc. La belleza se considera la muestra de este nuevo poder, que se diferencia del mundo medieval. Los hombres del Renacimiento consideran que la caída del Imperio Romano, con la invasión de los germanos, trajo la barbarie y la ignorancia a Europa (mil años de tinieblas), y que la recuperación del saber y la cultura de la Antigüedad griega y romana suponía un avance hacia el progreso y la prosperidad, iluminando al hombre moderno. Es un hecho que Italia nunca se impregnó totalmente de la cultura medieval. La presencia de ruinas romanas y el conocimiento de la filosofía de Platón y Aristóteles, la literatura romana, etc. en universidades, ciertos monasterios y círculos cortesanos urbanos hizo pervivir el espíritu clásico, el recuerdo de la República y el Imperio Romano, y el orgullo de los italianos por esa grandeza de su pasado.

Los Países Bajos se pueden comparar en parte con Italia; sus ciudades comerciales, habitadas por una burguesía comercial y artesanal, florecen económicamente y se dinamizan culturalmente. Esta sociedad no se ve sometida a un fuerte poder monárquico y la presencia religiosa no es tan fuerte como en otras regiones europeas. Se desarrollará un arte gótico más moderno en el siglo XV (en clara transición al renacimiento), con la construcción no sólo de magníficas catedrales, sino también de edificios civiles y comerciales (como la Lonja de Yprés), y sobre todo con pintores como Van Eyck, Van der Weyden, Van der Goes, el Bosco… que realizarán obras maestras de la pintura al óleo sobre tabla, en un estilo realista y detallista, inspirado en la naturaleza. En el siglo XVI los artistas flamencos evolucionarán a partir de las líneas marcadas en el siglo anterior, logrando un naturalismo preocupado por la representación de la vida cotidiana, temáticas burguesas y campesinas, retratos, paisajes…En el renacimiento flamenco destacan pintores como Peter Brueghel y Gossaert. Dentro del ámbito germánico, el renacimiento tiene en Alberto Durero un gran ejemplo de artista de amplia preparación intelectual, conocedor del clasicismo italiano, pero sobre todo interesado por representar la naturaleza con gran verismo, pintando no sólo temas religiosos y mitológicos, retratos y paisajes; sus ilustraciones y grabados de plantas y animales demuestran sus observaciones del mundo natural, en una labor sistemática propia de un científico. En Inglaterra, Hans Holbein, pintor de origen alemán formado en los Países Bajos, será un maestro del retrato, captando los rasgos físicos y psicológicos de los personajes con un realismo casi fotográfico.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Feliz año nuevo