lunes, 7 de enero de 2008

Hª DEL ARTE. RENACIMIENTO EN ITALIA: CARACTERÍSTICAS GENERALES

Si bien se considera que el arte renacentista italiano surge a principios del siglo XV, sus bases se estaban formando mucho tiempo antes. El arte tardomedieval italiano se distingue del resto de Europa. No se construyen exageradas catedrales llenas de arbotantes y agujas; la arquitectura italiana medieval mantiene elementos clásicos (columnas, capiteles, arcos de medio punto, uso de mármoles, proporción y estudio del diseño…). En la escultura, los Pisano realizan relieves de mármol inspirados en la decoración escultórica de monumentos romanos, proporcionados y de técnica depurada, incluyendo desnudos de gran belleza anatómica. Pintores como Giotto mejoran la técnica de los frescos, cuidando en dibujo, la proporción y la composición, así como el interés por la representación de la naturaleza y el paisaje. En la literatura, destacan las figuras de Dante y Petrarca… Con todo esto, se puede hablar de un Pre-renacimiento italiano incluso desde finales del siglo XIII, desarrollado en la región de la Toscana.

La arquitectura del Renacimiento italiano se va a basar en los preceptos constructivos greco-romanos. La recuperación del tratado De Architectura de Vitruvio (siglo I d.C.) permitió a los arquitectos renacentistas italianos conocer la teoría y la aplicación técnicas acumuladas por el saber de los antiguos (muy importante el estudio de la geometría y la proporción). Edificios religiosos y civiles se construirán son mármoles y piedra, materiales sólidos; se emplearán los órdenes clásicos, dórico, jónico, corintio, toscano y otros órdenes compuestos, con sus características columnas, capiteles, entablamentos y frontones (inspiración en los templos paganos de Grecia y Roma); muchas fachadas recordarán a la estructura de un arco de triunfo; bóvedas y cúpulas sustituirán a las desfasadas bóvedas de crucería, etc. Muchos de estos edificios estarán decorados con relieves, estatuas y pinturas murales, como los antiguos templos y palacios griegos y romanos.

La escultura renacentista italiana cuenta con numerosos ejemplos en las ruinas monumentales y yacimientos greco-romanos en Italia y el ámbito mediterráneo: relieves de templos, arcos de triunfo, estatuas de mármol y de bronce de dioses y héroes de la mitología antigua (Apolo, Venus, Hércules, etc.), de una belleza idealizada, concebidas con una proporción perfecta y un estudio anatómico detallado (la mayoría representan cuerpos masculinos y femeninos desnudos); también retratos de gobernadores helenísticos, senadores y emperadores romanos, de cuerpo entero o el busto, captando los rasgos del personaje con gran fidelidad y realismo. Los escultores del renacimiento se inspirarán fundamentalmente en estas obras.

La pintura renacentista, sin embargo, apenas cuenta con ejemplos de pintura greco-romana, perdidos a lo largo de los siglos (destrucción de los murales, degradación de las pinturas), y faltaban unos dos siglos para descubrir y desenterrar las ruinas romanas de Pompeya, con sus casas repletas de pinturas al fresco (que sí sirvieron para inspirar a los pintores del siglo XVIII). Los pintores del renacimiento partieron de la pintura gótica pre-renacentista, sobre todo del maestro Giotto y avances posteriores, aplicando a la experiencia práctica estudios teóricos de geometría, proporción, composición, perspectiva etc. para dotar a sus obras de una mayor perfección y belleza, un acercamiento a la representación de la naturaleza pero con una visión idealizada, concebida más con la razón que con los sentidos. Este tipo de representación idealizada se acentúa al inspirarse muchos pintores en las esculturas clásicas como modelos de belleza, por lo que la pintura renacentista produce figuras bien dibujadas, con volumen, pero también algo rígidas e inexpresivas, con poco movimiento. Los temas religiosos seguirán siendo importantes, pero hará gran interés por los temas mitológicos, incluyendo desnudos eróticos y sensuales, el retrato y el paisaje.

En el Renacimiento italiano hay que distinguir dos períodos: el Quattrocento (siglo XV), donde se desarrolla del estilo renacentista primitivo o temprano, incluso son algunas reminiscencias góticas en sus primeras décadas, caracterizado por el ensayo y consolidación de soluciones constructivas, escultóricas, compositivas y pictóricas, y el gran foco difusor será la ciudad de Florencia; el Cinquecento (siglo XVI), época del gran Renacimiento clásico, protagonizado por grandes genios de la historia del arte universal e impulsado por la nueva grandeza de Roma, sede del poder del papado y la Iglesia católica, aunque a mediados del siglo el estilo evoluciona hacía una corriente conocida como manierismo, y el arte renacentista veneciano consigue sus mayores logros.

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