ARTE ROMÁNICO
(Textos extraídos y modificados parcialmente de www.arteguías.com)
“ARQUITECTURA ROMÁNICA
Desde el punto de vista exclusivamente arquitectónico el románico fue un esfuerzo continuo en construir templos perdurables con la mayor grandeza posible, pero evitando su posible destrucción. En este empeño la arquitectura románica siguió un proceso evolutivo continuo de perfeccionamiento y de resolución de problemas tectónicos en busca de altura y luz.
Para ello el material empleado debía ser la piedra fundamentalmente, aunque no se renunció a otros materiales. Otra condición ideal era que el templo debía estar abovedado. Esto era por dos razones: la primera por dar mayor relevancia simbólica al edificio y otra más práctica para evitar los incendios que los techos de madera sufrían con cierta frecuencia.
Estos deseos llevaron a los arquitectos románicos a construir sus iglesias con grandes muros macizos de piedra que pudieran soportar los enormes pesos de las bóvedas. Los vanos, aunque deseados por el simbolismo de la luz, fueron practicados de manera más escasa que en el gótico -vanos estrechos y saeteras- pues suponían frecuentemente menoscabo de la resistencia de los muros. Como consecuencia secundaria, el interior de los templos románicos se envuelve en una tamizada luz que invita al recogimiento.
El sistema de empujes y contrarrestos de las bóvedas mediante columnas, pilares, contrafuertes, otras bóvedas, etc. se convirtió en el principal problema de ingeniería a resolver y que no siempre se hizo con acierto como sabemos por innumerables derrumbamientos producidos en diferentes épocas.
Un templo románico es un edificio de piedra labrada orientado al este con una o varias naves longitudinales que podían tener otras atravesadas. En ocasiones, la fachada o hastial occidental estaba precedida de un nártex o antesala abovedada monumental.
La cabecera podía tener ábsides escalonados De planta semicircular (lo más corriente) o rectangulares o incluso tener girola con capillas radiales.Sobre el crucero se solía levantar un cimborrio o torre-linterna -de planta cuadrada u octogonal- con ventanales para iluminar el interior. También era frecuente la construcción de parejas de torres-campanario pareadas flanqueando la fachada o torres únicas en un costado del templo (con predilección por el costado norte).
El campanario tenía muchas funciones simbólicas más allá de la mera utilización como instrumento sonoro para convocar a misa. Se trataba de un símbolo de unión entre Dios y los hombres y del poder de la Iglesia. En ocasiones se trataba también de una especie de torre fortaleza de defensa frente a los enemigos, como en algunos lugares de la Castilla al sur del Duero. La torre románica solía tener varios pisos con ventanales normalmente ajimezados. Otra forma de campanario es la llamada espadaña, muro vertical plano horadado de vanos para campanas.
Las puertas monumentales o portadas ornamentadas mediante sucesivas arquivoltas abocinadas que apoyaban sobre columnas se abrían normalmente en el muro occidental o meridional o en ambos. En los templos más ambiciosos podía haber numerosas puertas de entrada para abarcar todos los muros del edificio.
Si la puerta era muy ancha se colocaba como refuerzo una columna central llamada parteluz o mainel. En templos importantes se solían añadir estatuas de personajes bíblicos a las columnas y a las arquivoltas. Otro elemento destacado de las portadas románicas es la presencia de tímpanos esculpidos bajo las arquivoltas.
Es en estas puertas, en los capiteles de las columnas interiores y en los canecillos que soportaban los aleros del tejado donde se concentraba la mayor parte de la escultura monumental que acompañaba indisolublemente a la arquitectura románica de los períodos pleno y tardío.
En el caso de las catedrales y monasterios se adosaban otros espacios, de los que el más importante era el claustro. Se trata de un espacio cuadrado delimitado por galerías con arquerías soportadas por columnas.
Piedra de sillería o sillar (bloque de piedra labrado como un paralelepípedo).- Frecuentemente estos sillares eran marcados por los canteros con marcas para su posterior cobro. Las paredes así elaboradas tenían dos finas capas de sillería y en medio una masa de ripio (pequeñas piedras normalmente procedentes del tallado de los sillares). La colocación o aparejo de la sillería puede ser a soga y tizón (alternando la disposición en forma paralela y perpendicular a la dirección del paramento), encintada, en hileras, etc.
Sillarejo (piedra más pequeña, de peor labrado y ajuste, realizada con martillo devastando directamente la piedra bruta).
Mampuesto (piedra no labrada o de labrado tosco).- Frecuentemente se usaba el calicanto a base de mampostería aglutinada con argamasa (mortero de cal, arena y agua).
Otros materiales usados fueron el ladrillo (sobre todo en España), la madera (para cubiertas de templos no abovedados), la pizarra y el barro cocido (tejas de tejados).
Plantas de salón o basilicales.- Esta planta está relacionada con antiguos edificios públicos romanos y sobre todo, con las primeras iglesias paleocristianas y prerrománicas. Se trata de iglesias longitudinales con 1, 3 ó 5 naves paralelas (espacio entre filas de arcadas) sin transepto y normalmente finalizadas en cabecera de ábsides semicirculares.
Plantas de cruz latina.- A la disposición anterior se le añadía un brazo perpendicular saliente en planta (transepto) con lo que el resultado era una cruz latina. Ello simbolizaba la cruz de Cristo. Estas iglesias podían estar también rematadas en cabeceras con ábsides. Sin embargo, en iglesias de peregrinación y otros grandes templos las naves terminaban en una cabecera compleja formada por capilla mayor rodeada de una girola o desambulatorio de una o varias naves que la rodeaba y a la que se abrían capillas radiales. Un ejemplo español es la catedral de Ávila.
Plantas circulares o poligonales.- Son menos frecuentes. Normalmente son templos al servicio de comunidades de Órdenes militares participantes en las Cruzadas, como los templarios o los caballeros del Santo Sepulcro, por parecerse al templo de Salomón y al del Santo Sepulcro de Jerusalén, respectivamente. Tenemos un claro ejemplo en la iglesia de la Veracruz en Segovia y en la iglesia de Eunate (Navarra).
Planta de cruz griega.- Otra planta ocasional es la de cruz griega, es decir, formadas por dos naves iguales que se cruzan perpendicularmente en el centro.
El arco utilizado en la arquitectura románica es el de medio punto (semicircular) y de sección rectangular, enriqueciéndolo en su intradós (superficie interior) con uno más estrecho, decorando sus ángulos con dos molduras (saliente con perfil uniforme) de sección semicircular. A partir del siglo XII también se emplea el arco apuntado u ojival, por dos segmentos curvos que forman ángulo en la clave. Esta invención fue clave para el desarrollo de la arquitectura medieval posterior (gótico), pues los empujes que trasladaban estos arcos (y por extensión las bóvedas apuntadas) a los pilares y restos de estructuras eran mucho más verticales y fáciles de resistir.
La columna y el pilar son los elementos arquitectónicos esenciales para recibir el peso de las estructuras superiores (arcos y bóvedas). La columna está compuesta por basa, fuste y capitel. La basa de la columna románica es de tipo ática. El fuste, a diferencia de las columnas romanas y griegas y del resto de estilos posteriores al gótico no es troncocónica ni tiene entalle (diferente sección en los extremos) sino completamente cilíndrica. Tampoco tiene normalmente acanaladuras verticales como en la arquitectura clásica sino que son lisos o en el caso más complejo lleva sogueados oblicuos o decoración geométrica (zig-zag) o vegetal. El capitel suele ser figurado o de motivo vegetal y presenta collarino y ábaco en los extremos.
El pilar o soporte prismático de sección cuadrada fue usado ampliamente como soporte, aunque adoptó diferentes modalidades. La más frecuente fue la variedad de pilar cruciforme (sección de cruz griega) o aún más, el pilar cruciforme con semicolumnas adosadas para recoger los arcos y sus dobladuras.
La bóveda es una obra de fábrica curvada que sirve para cubrir el espacio comprendido entre dos muros o entre varios pilares.
En el período del románico pleno la bóveda más empleada para cubrir la nave principal del templo es la de medio cañón (bóveda de directriz continua semicircular) con arcos transversales de refuerzo o fajones, cabalgando sobre las arquerías inferiores. Esas enormes bóvedas ejercían una fuerza no sólo vertical sino transversal que tenía que ser contrarrestada con otras naves laterales o la presencia en el exterior de los muros de poderosos y macizos contrafuertes.
En lugares del sur y oeste de Francia como Angulema, Perigueux, Cahors, Souillac, etc. durante las primeras décadas del siglo XII, se construyeron edificios de una sola y amplia nave, que se cubría con una serie de cúpulas semiesféricas sobre pechinas. Esta solución arquitectónica tuvo una limitada difusión.
En las naves laterales de los edificios del románico pleno se emplea principalmente la llamada bóveda de arista, construida sobre un espacio cuadrado y formada por el cruce de dos bóvedas de cañón de igual anchura. Esta bóveda, cuando se genera por el cruce de arcos apuntados y se refuerza con nervaduras da lugar a la bóveda de crucería.
Para abovedar el crucero, espacio cuadrado de intersección de nave y transepto, se emplea la cúpula o bóveda de media esfera. Para pasar del cuadrado del crucero al círculo de la base de la cúpula semiesférica se emplearon las pechinas (soportes en forma de triángulo curvilíneo). También se usaron las trompas (soportes de forma cónica) que convertían el cuadrado en octógono como transición al círculo.
En los ábsides de planta semicircular se usó de manera invariable la bóveda de cuarto de esfera que se engarzaba a la de medio cañón correspondiente al tramo presbiterial.
A partir de finales del siglo XI se comienzan a ensayar las primeras bóvedas de crucería en Normandía e Inglaterra, como en la catedral de Durham. La gran utilidad de estas bóvedas es que los empujes que generan sobre las estructuras inferiores son más verticales y localizadas, lo que permite un mejor contrarresto.
Iglesia de una sola nave.- Son las más abundantes del románico español, especialmente en el entorno rural. Pueden estar abovedadas con medio cañón reforzadas con arcos fajones o tener cubierta de madera. El ábside suele ser semicircular.
Iglesia de tres naves sin alzado superior.- Pueden tener o no crucero. Tienen bóveda de medio cañón en la nave principal que se eleva sobre el nivel de los arcos formeros (sin piso superior con ventanales) por lo que la nave central no tiene iluminación directa. Un hermoso ejemplar de este tipo arquitectónico es la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia).
Iglesia de tres naves con alzado superior.- Igual que en el caso anterior pero la bóveda arranca de un muro con ventanales o clasistorio, que se eleva por encima de los arcos formeros. En este tipo de iglesia, la nave central sí goza de luz directa. Un ejemplo es la basílica de San Isidoro de León.
Iglesia de tres naves con tribuna.- Es el típico alzado de las iglesias de peregrinación. El alzado de estas iglesias tiene el nivel habitual de los arcos formeros y por encima una tribuna abierta o galería situada sobre las naves laterales. Este pasillo superior se abre a la iglesia mediante vanos geminados y al estar los muros exteriores abiertos con ventanales, también hay luz directa a la nave central. Sobre el piso de la tribuna arranca la bóveda de medio cañón. Este sistema de tribuna tenía como utilidad albergar mayor número de peregrinos en las ocasiones de máxima afluencia. La elegancia estética es de primer orden y su sentido de verticalidad logradísimo. En Francia un hermoso ejemplo es Santa Fé de Conques y en España la catedral de Santiago de Compostela.
Iglesia de tres naves con tres niveles.- Además de el nivel de arcos formeros y el de la tribuna, se eleva un tercer nivel de clasistorio (piso de ventanales). Es el más vertical y arriesgado de los modelos de alzado románico. Un espléndido ejemplo es Saint-Etienne de Nevers.
Iglesia de tres naves con bóveda de crucería.- Es frecuente encontrar en la fase tardía del estilo románico iglesias rematadas con bóvedas de crucería. A esta arquitectura de plantas románicas y bóvedas de crucería se ha dado el nombre de románico ojival. La bóveda de crucería, además de mejorar la estabilidad y disminuir el peso, permitía abrir vanos en los muros superiores, como en la catedral de Salamanca.
ESCULTURA ROMÁNICA
En este contexto, el arte debe rechazar la representación de la Naturaleza tal como se percibe por los sentidos y exige extraer las verdades ocultas y el orden lógico que se esconden tras las formas físicas.
De esta manera, las formas que adopta el románico se basan en una idea del arte desarrollado por y para la inteligencia humana, no para sus sentidos. No pretende, como otros estilos anteriores y posteriores, copiar fielmente la naturaleza circundante, sino conceptuar la belleza de una manera abstracta y racional.
En el campo de la arquitectura, esto se traduce en el exclusivo uso de la geometría euclidiana, es decir, de las figuras geométricas más simples. Es una arquitectura de escuadra y compás donde cuadrados, círculos, cubos y cilindros se disponen con un sentido estricto del orden y la simetría. La belleza y armonía que transmiten no es, por tanto, el resultado accidental del artista que por intuición desarrolla unas formas bellas, sino un hecho calculado.
En el campo de la escultura, ésta se subordina a la arquitectura y sigue los mismos planteamientos de sometimiento al orden racional y la lógica. La Ley del Marco y la Ley del Esquema Geométrico enunciadas por Focillon reflejan este hecho con pleno acierto.
La Ley del Marco obliga al escultor románico a adaptar sus figuras al marco arquitectónico que las soporta. Esta ley es fácilmente evidenciable en las esculturas de los tímpanos, ya que debido a su forma circular obliga a los personajes a adoptar diferentes alturas o a inclinar y agachar sus cuerpos para no interrumpir la armonía del trazado semicircular.
La Ley del Esquema Geométrico exige al escultor que las figuras de su escultura han de tener una lógica geométrica intrínseca, como, por ejemplo, que sus figuras guarden simetría, formen figuras parecidas a cuadrados, círculos, cruces, etc. sin importar que se distorsione la realidad de animales o personas talladas.
Como conclusión, en la escultura románica se adoptan las formas y proporciones más adecuadas para ajustarse a un orden geométrico racional. Por ello, en la escultura románica de portadas, cabeceras y fachadas encontramos personajes o animales achaparrados o de altura excesiva, a menudo realizando escorzos imposibles, y frecuentemente con perspectivas absurdas. Nada de esto invalida su belleza, si somos capaces de despojarnos de nuestra manera de pensar positivista.
Uno de los principios que rigen la escultura románica es la de su funcionalidad para la comunicación y la transmisión de ideas mediante meticulosos programas iconográficos. Estas ideas pueden ser simbólicas o simplemente descriptivas de episodios bíblicos.
Dirigidos a un público analfabeto, los programas iconográficos de iglesias y catedrales se convertían en verdaderas Biblias de piedra.
En el comienzo del románico prevalecen las escenas del Antiguo Testamento, pero rápidamente adquieren especial fuerza las historias del Nuevo Testamento: escenas del ciclo de la Natividad (La Anunciación, Nacimiento, Epifanía…). Especial importancia adquiere -sobre todo en los tímpanos de las portadas- el Juicio Final con Cristo en Majestad bajando desde los Cielos en la mandarla mística rodeado por los cuatro evangelistas en forma deTetramorfos y en ocasiones el Peso de las almas.
Posteriormente, la figura de María compite con la anterior y es frecuente que aparezca la Virgen en Majestad con el Niño sentado en sus rodillas bendiciendo.
Procedente del mundo grecorromano, bizantino y persa, el bestiario fantástico se apodera del mundo románico no sin resistencias y críticas por pensadores de la época. Pero el románico sacraliza esta estética pagana convirtiendo a los animales -reales e imaginarios- en portadores de virtudes o perversiones, por lo que su aparición en capiteles, canecillos, tímpanos, etc. es reinventada y usada con sentido de enseñanza y advertencia.
Quizás es el bestiario fantástico el motivo escultórico que más interés genera y el que mayor efecto de intimidación provocaría en el hombre medieval. Creado por combinación de partes de animales diferentes, su estampa, en ocasiones atroz, se reforzaba mediante lucha con hombres indefensos con el objetivo de conmover para renegar del pecado.
Aunque cualquier símbolo tiene dualidad de significados, incluso completamente opuestos, el románico usó ciertos animales con predilección para manifestar el Bien y otros como formas del Mal y del Diablo.
Entre los primeros se encuentran fundamentalmente las aves en general, a menudo en comparación con el alma, ya que pueden ascender y alejarse de lo terrenal en busca del Cielo. También el león o el águila por su fuerza y nobleza suelen representar valores positivos, incluso al propio Cristo. Es frecuente encontrar leones, águilas en las enjutas de las portadas, como guardianes del templo. Un ave especialmente representada como ejemplo del Bien es la cigüeña, por su carácter de ave de buen agüero, además de ser monógama y comer serpientes (se le representa a menudo con una serpiente en el pico).
En la nómina de animales relacionados con el mal solemos encontrar al mono, como caricatura grotesca del hombre, a la serpiente, símbolo por antonomasia del pecado y del Demonio, la liebre y el conejo asociados con la lujuria por su fertilidad, el jabalí y el cerdo por ser lujuriosos, sucios y perezosos, la cabra, el macho cabrío, etc.
Dentro del bestiario fantástico existen animales usados con frecuencia con carácter positivo, como los grifos (cabeza y alas de águila y cuerpo de león) que dada la combinación de animales nobles se usan como guardianes de las entradas de las iglesias.
Sin embargo, la nómina de animales fantásticos maléficos es mucho más amplia. Los dragones son los más genuinos enemigos de Dios y el hombre. Su representación en el románico se aleja de las formas que las leyendas nórdicas de siglos posteriores han hecho llegar hasta nuestros días. El dragón románico es un ave con cabeza perruna de grandes ojos y cuencas profundas, orejas puntiagudas y alargadas fauces amenazantes. Su cola es de serpiente y en ocasiones en lugar de patas de ave muestra pezuñas.
Otros animales maléficos son la arpía (cuerpo de rapaz, busto femenino y cola de serpiente) y la sirena (cuerpo femenino y cola de pez), ambas representando la seducción y la perdición por los placeres carnales.
Los basiliscos (cabeza monstruosa de gallo con cuerpo y cola de serpiente) son los encargados de transportar las almas de los condenados al infierno. Los centauros (cabeza y tronco humanos y resto de cuerpo de caballo) simbolizan la brutalidad y la lujuria, y con frecuencia se les representa con arco y flecha disparando a las sirenas.
Junto a motivos estrictamente religiosos, el románico, sobre todo a medida que evoluciona y se arraiga en el ámbito rural alejado de las principales rutas de peregrinación, incorpora motivos de tipo costumbrista o anecdótico.
Suelen ser los canecillos de las iglesias rurales las que con mayor abundancia se adornan con esculturas que representan las costumbres de la época (cacerías, fiestas, banquetes, lances, guerreros…) o la vida social.
A menudo se pueden reconocer diferentes cargos eclesiásticos y civiles. Incluso son frecuentes los motivos explícitamente eróticos.
PINTURA ROMÁNICA
La llamada pintura mural, es decir, la que cubría los muros de los templos, se basaba en la preparación de la pintura a base de pigmentos coloreados diluidos en agua de cal. Este tipo de pintura se aplicaba sobre la superficie mural a la que previamente se había añadido una capa de enlucido para alisarla (yeso, estuco…). La aplicación se hacía cuando el enlucido estaba aún húmedo. Al secarse, el conjunto adquiría resistencia.
Al igual que la escultura románica, la pintura mural se integra con la arquitectura y sigue las reglas del marco arquitectónico y del esquema geométrico. Es decir, no se rige por imitación de la naturaleza sino por una conceptualización racional. Esto hace que las figuras sean planas, alargadas y sin perspectiva. Los personajes se escalonan y adoptan diferentes tamaños en función de su relevancia. Los ojos y las manos adquieren desproporcionada dimensión, pues son las partes de la anatomía humana más expresivas espiritualmente hablando.
Los colores empleados son intensos y brillantes (rojo, amarillo, naranja y azul) y se disponen en franjas contiguas de colores muy contrastadas entre sí. El color negro servía para perfilar las figuras.
Difusión en España
Tradicionalmente, las diferentes muestras de pintura románica conservadas en España se han afiliado a los corrientes diferentes: la bizantina y la mozárabe. La corriente bizantina penetraría en España por Cataluña proveniente de Italia, mientras que la mozárabe es predominante en los reinos de Castilla y León.
San Clemente de Tahull.- Indudablemente, las pinturas que cubrían el ábside de San Clemente de Tahull y hoy conservadas en el Museo de Arte de Cataluña, son una de las mejores obras de este estilo en España y toda Europa. La bóveda de horno del ábside se pintó con un maravilloso Cristo en Majestad (Maiestas) de estilo bizantinizante rodeado por cuatro ángeles que portan los símbolos de los evangelistas. Por debajo corre un friso donde aparece parte del colegio apostólico con la Virgen. Dentro de las representaciones del tradicional Pantocrator románico, este es uno de los más majestuosos y cargados de trascendente divinidad del románico internacional. A ello colabora la simetría perfecta y la concepción geométrica de su rostro y de toda su figura. El Cristo de Tahull demuestra cómo el arte románico buscó y encontró la trascendencia simbólica a través del orden lógico y geométrico de su arte.
Panteón de los Reyes de San Isidoro de León.- Sus pinturas constituyen una obra cumbre de la pintura románica europea. Aparece todo un ciclo de la vida de Cristo desde la Anunciación hasta la Crucifixión y el posterior Apocalipsis con Cristo en Majestad rodeado por el Tetramorfos. La escena más conocida por su imaginación, sentido del movimiento y bucolismo es la del Anuncio a los pastores. También es de gran valor el calendario agrícola.
Vera Cruz de Maderuelo.- En el muro de los pies de esta pequeña ermita aparece la Creación de Adán y el Pecado Original, mientras que en la cabecera se pintó el colegio apostólico y por encima el habitual Maiestas.
San Baudelio de Berlanga.- Sus pinturas, del siglo XII, hoy día repartidas entre varios museos de Estados Unidos y el del Prado de Madrid, aludían a la vida pública de Jesús. Sin embargo, las escenas más conocidas son las situadas en los frisos laterales que muestran lances cinegéticos, muy simplificadas pero de gran expresividad.
La pintura románica sobre tabla se desarrolló especialmente en Cataluña. Decoraba principalmente frontales de altares y pequeños retablos. A diferencia de la pintura mural al fresco, se utilizaba la técnica al temple.Todo lo referente a la pintura mural se válido para la pintura en tabla en lo referente a la iconografía (claramente religiosa) y la estética, que sigue basándose en el hieratismo simbólico románico. La gama de colores es la misma, así como su figuración. Algunas de las pinturas en tabla más importantes son las de la Seu d´Urgell, Santa María de Avià, San Andrés de Cerdaya... todas repartidas entre el Museo de Vic y el Museo de Arte de Cataluña."
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