PINTURA GÓTICA FLAMENCA
La pintura gótica alcanzó en Flandes (territorio de los Países Bajos) en el siglo XV la máxima perfección, como resultado de la evolución del estilo gótico internacional y algunas influencias de la Italia renacentista (relación comercial y artística entre ambos países –algunos artistas flamencos viajan a Italia-). La pintura flamenca del siglo XV ya no es plenamente gótica, sino que está a medio camino entre lo medieval y lo renacentista.
A principios del siglo XV ya se nota cierta influencia del naturalismo en el estilo gótico francés, pero sin llegar a ser realista. Melchor Broederlam, que trabaja en las Cortes francesas, pinta en retablos temas como La Visitación y La Anunciación; Jean Malonel pinta La Presentación de Jesús en el Templo y La Huída a Egipto; Henri Bellechose es autor del Martirio de San Dionisio, con un fondo de oro, muestra el proceso de decapitación del santo en dos escenas consecutivas. El Libro de Horas del duque de Berry, obra de los hermanos Limbourgh, es una obra maestra de la miniatura, con temas como El Encuentro de los Reyes Magos (con colores muy intensos, paisaje de fondo e intento de perspectiva), que sin duda influyó en la pintura flamenca.
En la década de 1420, la capital del Estado de Borgoña se traslada a Brujas, hecho que favoreció el desarrollo económico y artístico en Flandes. La sociedad burguesa flamenca tiene un gusto por el arte naturalista que reproduce la realidad. Se inventa la técnica de pintura al óleo sobre tabla, basada en la mezcla de pigmentos con aceite de linaza, logrando una mejor calidad y más brillo. La pintura flamenca al óleo es más nítida y mejor que la pintura de estilo gótico internacional. La pintura realista flamenca del siglo XV es coetánea a la renacentista italiana, pero es diferente. La pintura italiana está más centrada en la composición ordenada, la geometría y el volumen, mientras la flamenca es más intuitiva, basada en la reproducción de escenas realistas, pero con simbología religiosa, y el paisaje es fundamental.
Jan Van Eyck, formado en la miniatura (ilustra un libro de coros) es el gran maestro y creador del estilo flamenco. Su obra más importante es El políptico del Cordero Místico, que está en la iglesia de San Bavón de Gante. El políptico es un retablo con varias tablas: en la tabla central aparece el Cordero Místico (simboliza la Eucaristía) rodeado de ángeles, y a ambos lados se concentran grupos de religiosos, caballeros (con sus relucientes armaduras), peregrinos y otros estamentos sociales claramente diferenciados; en las tablas superiores aparecen sentados en sus tronos celestiales Cristo (como del Rey de Reyes del Apocalipsis), San Juan y La Virgen María, y en los extremos están las figuras de Adán y Eva (separados), y coros de ángeles cantores y músicos. Todas las figuras están tratadas con enorme realismo en sus rasgos físicos (aspecto de personas normales y verdaderas) y vestuarios; en el caso de Adán y Eva tenemos un hombre y una mujer totalmente desnudos, sin obviar la realidad del cuerpo humano tal como es). La calidad del miniaturista se nota en los detalles excepcionales como, por ejemplo, en la figura de la Virgen, descrita en su físico como una mujer joven, típicamente del norte de Europa, de cabellos ondulados, frente despejada, piel suave, manos delicadas, ricamente vestida de terciopelo y con joyas detalladas hasta en la más mínima perla y piedra preciosa; además, tiene un libro del que con ayuda de una lente de aumento podríamos distinguir las letras. La escena de desarrolla en un paisaje que cuenta con todos los elementos naturales (árboles, animales, cielo) incluyendo las más minúsculas flores y briznas de hierba. Es un paisaje típico de los Países Bajos, llano, con un horizonte profundo y algo nuboso donde se distinguen edificios lejanos (estos paisajes aparecerán abundantemente en la pintura flamenca, alcanzando su culminación en el Barroco del siglo XVII).
En otro retablo, La Virgen del Canciller Rollin, la escena de desarrolla en una habitación interior abierta a un nublado paisaje flamenco de fondo (con todos los detalles naturales) a través de un ventanal con arquerías y esbeltas columnas . Es una obra con cierto clasicismo, por el uso de la luz, el ambiente sereno y la disposición ordenada de los personajes, realizados con enorme realismo (impresionante el retrato del canciller), además del detallismo en el mobiliario y las baldosas del suelo. Una escena mística, donde se encuentran un personaje real y otro divino (la Virgen) se podría comprender aquí como la entrevista entre un hombre importante y una noble dama ricamente vestida con su hijo en brazos (aunque el ángel que la está coronando nos muestra la categoría divina del personaje y es lo más medieval en esta obra de arte).
Otra obra similar es La Virgen del canónigo Van der Paele, donde se repite el tema de la Virgen en un espacio interior junto a personajes de la Iglesia, un viejo sacerdote, arrodillado humildemente ante la madre de Cristo, sentada en un rico trono (todo en la habitación –telas, muebles, etc.- reluce por el lujo de sus materiales), junto a un Santo Caballero y un importante obispo.
Van Eyck cultivó el género del retrato de una manera inigualable en su época. Sus clientes principales eran ricos burgueses comerciantes. El Matrimonio Arnolfini muestra el retrato de un banquero italiano con su embarazada esposa dentro de una casa que muestra el buen nivel de vida de una pareja acomodada (incluyendo perrito faldero), y simbolismo (amor, fidelidad); un elemento curioso utilizado por el pintor como juego de perspectiva es el espejo del fondo; la luz penetra por una ventana lateral para iluminar la escena (este tipo de iluminación de interiores se repetirá en toda la pintura flamenca, alcanzando su culminación con el pintor barroco Vermeer). De los numerosos retratos pintados por Van Eyck destacan El hombre del clavel, El hombre del Turbante, incluso el retrato de la esposa del propio pintor. Todos estos personajes presentan sus rasgos físicos reales y psicológicos (el pintor capta sus personalidades mediante la expresión de las miradas y el rictus de la boca, delatando inteligencia, mal carácter, fuerte personalidad, etc.).
Roger Campin es otro pintor flamenco, de la misma época de Van Eyck, pero de inferior calidad. De sus obras destacan el Díptico de Santa Bárbara y el Tríptico de la Anunciación.
Van Der Weyden es el segundo pintor más destacado de la escuela flamenca, sobre todo por su manera de plasmar patetismo y expresión a sus obras. Su pintura es en parte una síntesis de Van Eyck y Campin, con volumen escultórico, unificando la luz y aplicando el arabesco. Van Der Weyden tuvo varios discípulos e imitadores hasta mediados del siglo XV. En sus tablas más importantes, el tema fundamental es la muerte de Cristo y el dolor de la Virgen y otros discípulos de Jesús (Piedad, Descendimiento, El Calvario), concibiendo escenarios teatrales sin paisaje, sino utilizando una especie de telón como fondo.
Petrus Christus es continuador de Van Eyck. En San Eloy (patrón de los joyeros) representa un taller donde el santo artesano trabaja (protagonismo de los gremios burgueses); aparece un espejo. En La Piedad destaca el paisaje y la línea sinuosa similar a la de Van der Weyden.
Dierick Bouts continúa el estilo de Van Der Weyden, pero menos dramático. En La Última Cena la composición es simétrica, con Cristo como eje central (la composición está bien estudiada); la perspectiva es forzada. Pinta varias tablas con temas de la Virgen (Anunciación, Visitación, Natividad y Epifanía.
Van Der Goes es el pintor más flamenco más importante del tercer cuarto del siglo XV, con obras como El Pecado Original y, sobre todo, el Tríptico Portinari, pintado por encargo de un rico comerciante italiano residente en Flandes, donde se representa el portal de Belén con muchos personajes, con los protagonistas (la Virgen, San José y el Niño Jesús –también están la burra y el buey-) rodeados por los pastores y grupos de ángeles. Lo más medieval es la desproporción de tamaño entre los personajes; en lo demás, la pintura es de gran calidad, con fondo paisajístico, naturalismo, colorido, etc.
Hans Memling pinta temas religiosos: El Juicio Final, La Pasión de Cristo, Descanso en la huída a Egipto, el tríptico de La Oración de los Reyes Magos, la arqueta de Santa Úrsula. En el tríptico del Bautismo de Cristo aparecen los retratos de los donantes.
Quentyn Metsys, ya a principios del siglo XVI, pinta escenas de género, como El cambista y su mujer, y obras religiosas (Ecce Homo, etc.).
Patinir es el primer artista flamenco que utiliza el paisaje como tema primordial (los personajes son pequeñas figuras casi perdidas en el paisaje natural): Bautismo de Cristo, Descanso en la huída a Egipto, Las tentaciones de San Antonio, San Jerónimo, La Laguna Estigia…
Jerónimo Bosch, conocido como El Bosco, es el último gran pintor gótico flamenco (finales del siglo XV y principios del siglo XVI). Es diferente a los demás por el carácter onírico y fantástico de sus pinturas, con una finalidad moralizante: La nave de los locos, La mesa de los Pecados Capitales, El carro del heno, El jardín de las Delicias. En todas estas tablas, El Bosco representa los vicios humanos, las actitudes incorrectas y los pecados que llevan a la perdición de los hombres, y también una serie de seres infernales y demonios que castigan a las almas de los condenados. Las escenas parecen sacadas de una pesadilla (animales reales y fantásticos se mezclan).
1 comentario:
Paco soy mariola te he invitado para ver en mi blog mi trabajo del gótico!espero que puedas verlo
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